Viaje al pasado. Stephan Zweig


Pero el amor sólo se confirma de verdad como tal cuando deja de revolverse
dolorosamente en el interior de uno, oscuro como un embrión, y es nombrado con los
labios y el aliento, cuando se atreve a confesar su existencia. Aunque el sentimiento
se obstine en perseverar como crisálida, siempre llega el momento en que el vago
capullo eclosiona de repente y se precipita con el doble de violencia desde la altura
hasta lo más hondo del corazón sobresaltado. Esto es lo que sucedió, bastante tarde,
el segundo año que vivía en la casa como uno más.

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