Porque había días en los que parecía que todo salía según lo planeado, y otros en los que me venía abajo porque creía que jamás sería capaz de llevar a buen puerto semejante desvarío.
En esos días en los que dudaba de todo, descubrí algo de mi carácter que no me gustó nada. El miedo al fracaso me paralizaba, me hundía.



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