Luis Anguita Juega. ¿Tomo un café o tomo tu vida?
Silvia, de una manera extraña, clavó sus ojos en Miguel.
Él
la miró. Hacía ya bastantes años que había sobrepasado la edad en la que aún se
mantienen ciertos sueños. Ella era una de esas mujeres que resultan
inalcanzables; puede que por eso, o porque ya había perdido toda esperanza, sin
saber por qué, volvió a mirarla y su pensamiento se convirtió en palabras.
—Hay sueños que ya no pueden
cumplirse...
Ella levantó la vista, lo miró y
percibió una sensación que la atravesaba; sus palabras brotaron como un
murmullo casi imperceptible.
—¿O quizá sí?
Y siguió mirando
a ese hombre con el pensamiento de que nunca se cansaría de mirarlo.



Muchas gracias por recoger en tu blog este fragmento del libro.
ResponderEliminarA ti Luis por crearlo!!!! Estoy deseando leer la novela. Mil abrazos y suerte.
ResponderEliminaruhmmm, deseosa estoy de leerlo .
ResponderEliminar