Luis Anguita Juega. ¿Tomo un café o tomo tu vida?

Silvia, de una manera extraña, clavó sus ojos en Miguel.
  Él la miró. Hacía ya bastantes años que había sobrepasado la edad en la que aún se mantienen ciertos sueños. Ella era una de esas mujeres que resultan inalcanzables; puede que por eso, o porque ya había perdido toda esperanza, sin saber por qué, volvió a mirarla y su pensamiento se convirtió en palabras.
            —Hay sueños que ya no pueden cumplirse...
            Ella levantó la vista, lo miró y percibió una sensación que la atravesaba; sus palabras brotaron como un murmullo casi imperceptible.
            —¿O quizá sí?

            Y siguió mirando a ese hombre con el pensamiento de que nunca se cansaría de mirarlo.

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